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Poemas de amor de la Literatura española

Feb 13, 2018 | Te interesa | 0 Comentarios

Por fin llega San Valentín, ¡el día del amor! Un regalo original, como una canción romántica o una poesía de amor, pueden ser la mejor manera de expresar a tu pareja ese fuerte sentimiento para el que quizá no encuentres las palabras apropiadas.

En Detalles hemos seleccionado algunos poemas de grandes autores de la historia de la literatura española, para que os sumerjáis en vuestras almas a través de sus versos… ¡Qué mejor manera de amenizar una velada en pareja que leyendo poemas románticos a la luz de las velas!

1. Al alba venid, (anónimo, siglo XV)

Al alba venid, buen amigo,
al alba venid.

Amigo el que yo más quería,
venid al alba del día.

Amigo el que yo más amaba,
venid a la luz del alba.

Venid a la luz del día,
non traigáis compañía.

Venid a la luz del alba,
non traigáis gran compaña.

 

Esta cancioncilla de autor desconocido, procedente de la lírica tradicional castellana que se transmitía de forma oral, es cantada por una mujer que llama a su amigo (amado) de manera reiterada, lo que expresa el deseo amoroso. Le pide que venga solo a la luz del alba. Es una canción de las denominadas alboradas, donde la mujer espera al amado para tener su encuentro amoroso con los primeras luces del día.

Os dejamos esta interpretación casi celestial del poema, del Dúo Dolce Rima, con acompañamiento musical de la época.

2. Diciendo qué cosa es amor (Jorge Manrique, siglo XV)

Es amor fuerza tan fuerte
que fuerza toda razón;
una fuerza de tal suerte,
que todo seso convierte
en su fuerza y afición;
una porfía forzosa
que no se puede vencer,
cuya fuerza porfiosa
hacemos más poderosa
queriéndonos defender.

Es placer en que hay dolores.
dolor en que hay alegría,
un pesar en que hay dulzores,
un esfuerzo en que hay temores,
temor en que hay osadía;
un placer en que hay enojos,
una gloria en que hay pasión,
una fe en que hay antojos,
fuerza que hacen los ojos
al seso y al corazón.

Es una cautividad
sin parecer las prisiones,
un robo de libertad,
un forzar de voluntad
donde no valen razones;
una sospecha celosa
causada por el querer,
una rabia deseosa
que no sabe qué es la cosa
que desea tanto ver.

Es un modo de locura
con las mundanzas que hace:
Una vez pone tristura,
otra vez causa holgura,
como quiere y le place;
un deseo que al ausente
trabaja, pena y fatiga;
un recelo que al presente
hace callar lo que siente,
teniendo pena que digan.

Todas estas propiedades
tiene el verdadero amor;
el falso, mil falsedades,
mil mentiras, mil maldades
como fingido traidor;
el que toque para tocar
cuál amor es bien forjado,
es sufrir el desamar,
que no puede comportar
el falso sobredorado.

 

Jorge Manrique (provincia de Palencia 1440, provincia de Cuenca 1479) explica qué es el amor para él, cómo es sentirse enamorado y los sentimientos que trae.

La primera estrofa define el amor como una fuerza que se hace inevitable. A partir de la segunda estrofa explica los diferentes estados de ánimo que atraviesan los enamorados a causa del sentimiento, las situaciones por las que los enamorados son conducidos casi sin querer: “todas estas propiedades tiene el verdadero amor”.

3. Más vale trocar (Juan del Encina, finales del siglo XV)

Más vale trocar
placer por dolores,
que estar sin amores.

Donde es gradecido
es dulce el morir;
vivir en olvido,
aquel no es vivir:
mejor es sufrir
pasión y dolores,
que estar sin amores.

Es vida perdida
vivir sin amar,
y más es que vida
saberla emplear:
mejor es penar
sufriendo dolores,
que estar sin amores.

La muerte es victoria
do vive afición,
que espera haber gloria
quien sufre pasión:
más vale presión
de tales dolores,
que estar sin amores.

El que es más penado
más goza de amor,
que el mucho cuidado
le quita el temor:
así que es mejor
amar con dolores
que estar sin amores.

No teme tormento
quien ama con fe,
si su pensamiento
sin causa no fue:
habiendo por qué
más valen dolores,
que estar sin amores.

Amor que no pena
no pida placer,
pues ya le condena
su poco querer:
mejor es perder
placer por dolores,
que estar sin amores.

 

Este villancico de Juan del Encina (Salamanca 1469, León h. 1529) nos invita a disfrutar del amor por encima de todo: “más vale cambiar placer por dolores que estar sin amores”… A pesar del sufrimiento que puede acarrear el amor, ¡disfrútalo!, pues la vida sin amor no tiene sentido alguno: “es vida perdida vivir sin amar, y más es que vida saberla emplear”.

La composición es una invitación a dejarse llevar por el amor, a atreverse a amar, aunque ello implique dolor; no hay amores prohibidos ni miedos ni impedimentos que valgan la pena ante la posibilidad de vivir enamorados.

Esta pieza forma parte del Cancionero, que constituye la primera obra impresa de poesía amatoria cancioneril, compuesta para ser cantada y que puedes escuchar aquí.

4. Escrito está en mi alma vuestro gesto… (Garcilaso de la Vega, siglo XVI)

Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.

En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma mismo os quiero.

Cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.

 

Una de las formas más bellas de decirle a nuestra pareja que estamos perdidamente enamorados y que nuestro amor es superior a todo lo mundano… “Yo no nací sino para quereros”.

En este soneto de Garcilaso de la Vega (Toledo 1501, Niza 1536) se describe el sentimiento hacia una mujer, responsable del nacimiento de ese amor que se ha escrito en el alma del poeta. Se trata del amor platónico (de influencia petrarquista): dos personas se enamoran y, en consecuencia, este sentimiento les otorga unas cualidades especiales que los elevan por encima de lo terrenal, de sus cuerpos, del mundo… El amor es tan fuerte que se convierte en la fe del poeta, en el sentido de su existencia, en todo.

Aquí os dejamos a Sole Jiménez y Pedro Guerra cantando este poema de Garcilaso tan romántico  

5. De los rayos del sol por quien me guío… (Fernando de Herrera, siglo XVI)

De los rayos del sol por quien me guío
llega la luz al alma, que la enciende,
y las delgadas venas brava ofende
y del presto calor destierra el frío.

Miro la pura imagen del bien mío
con aquella verdad que el alma entiende,
y cuanto más la miro en mí se emprende
la cierta luz que al corazón envío.

Presente queda y vive en mi memoria,
entrando por mis ojos de sus ojos,
en los cuales Amor tiene más gloria.

Por ellos bebe el bien y los enojos,
que Amor dio a su belleza la victoria,
como a causa mayor de sus despojos.

 

 

Fernando de Herrera (Sevilla 1534, 1597) es petrarquista como Garcilaso y cultiva el concepto del amor platónico, la idea de mirarse a los ojos y enamorarse, trasladarse a un universo superior.

En la primera estrofa nos habla de un flechazo, dos personas que se miran y se enamoran: al mirarse, los rayos de sol le atraviesan el alma y le guiarán a partir de ahora. Esos rayos son los ojos de la amada, que se quedan en su alma iluminando su camino.
“Miro la pura imagen del bien mío”… ahora la amada es la verdad, la sabiduría que le enseña a amar la belleza divina.
“Presente queda y vive en mi memoria, / entrando por mis ojos de sus ojos”… La amada le entrega al mirarle, por medio de la pasión que se transmiten a través de los ojos, un amor superior, la gloria… es la perfección del amor.

6. Amor constante más allá de la muerte (Francisco de Quevedo, siglo XVII)

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora, a su afán ansioso lisonjera;

mas no de esotra parte en la ribera
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama el agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
venas, que humor a tanto fuego han dado,
medulas, que han gloriosamente ardido,

Su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.

 

Este soneto es uno de los mejores poemas de amor de la literatura española. Francisco de Quevedo (Madrid 1560, Ciudad Real 1645) se resiste a entregar todo su ser a la muerte, así que nos recuerda que aunque pierda la vida, sus restos serán “polvo enamorado”; esto es, el amor es inmortal y sobrevivirá incluso a su propia muerte.

En el primer cuarteto el poeta reconoce que algún día la muerte, “postrera sombra”, le cerrará los ojos para siempre. En las siguientes estrofas menciona al río Leteo, que en la mitología separa el reino de los vivos del de los muertos: al morir, el cuerpo bebía de sus aguas y estas provocaban el olvido. Sin embargo, su amor es tan fuerte, su llama tan ardiente, que podrá sobrevivir incluso a esas aguas del olvido. A pesar de que su cuerpo se acabe convirtiendo en ceniza, la pasión amorosa vivirá eternamente en ella.

7. Arder en viva llama, helarme luego… (Eugenio Gerardo Lobo, siglo XVIII)

Arder en viva llama, helarme luego,
mezclar fúnebre queja y dulce canto,
equivocar la risa con el llanto,
no saber distinguir nieve ni fuego.

Confianza y temor, ansia y sosiego,
aliento del espíritu y quebranto,
efecto natural, fuerza de encanto,
ver que estoy viviendo y contemplarme ciego.

La razón libre, preso el albedrío,
querer y no querer  cualquier hora,
poquísimo valor y mucho brío;

contrariedad que el alma sabe e ignora,
es, Marsia soberana, el amor mío.
¿Preguntáis quien lo causa? Vos, señora.

 

Eugenio Gerardo Lobo (Cuerva, Toledo 1679, Barcelona 1750) define en estos versos el amor como una antítesis continua: frío/calor, queja/canto, risa/llanto…  la lucha entre lo físico y sensorial, y la razón y la sinrazón del sentimiento,  que acaba finalmente en el amor idealizado, en vos, señora, la causante del estado de enamoramiento del yo poético.

Si bien el siglo de la razón, de las luces, parece “frío” en cuanto a la producción lírica y es cierto que el género es menos cultivado que en otras épocas, este poema pone de manifiesto que también tenía un espacio la descripción del alma.

8. Soneto imitando a una oda de Safo (Gertrudis Gómez de Avellaneda, siglo XIX)

¡Feliz quien junto a ti por ti suspira!
¡quien oye el eco de tu voz sonora!
¡quien el halago de tu risa adora
y el blando aroma de tu aliento aspira!

Ventura tanta -que envidioso admira
el querubín que en el empíreo mora-
el alma turba, al corazón devora,
y el torpe acento, al expresarlo, expira.

Ante mis ojos desparece el mundo,
y por mis venas circular ligero
el fuego siento del amor profundo.

Trémula, en vano resistirte quiero…
de ardiente llanto mi mejilla inundo…
¡deliro, gozo, te bendigo y muero!

 

Este soneto exalta el deseo amoroso y describe un momento de pasión de la pareja. Primero la autora expresa la felicidad de compartir con la otra persona amada, pero se produce un aumento progresivo de la pasión a medida que los versos avanzan, pues pasa de la contemplación de la pareja, que podemos imaginar tendida a su lado, al sentimiento de fuego, del erotismo, que desemboca en la expresión del éxtasis de la unión sexual.

Gertrudis Gómez de Avellaneda (Cuba 1814, Madrid 1873) escribe así uno de los pocos poemas eróticos de voz femenina de la literatura española. Para ello, se escuda en el título, mencionando una supuesta imitación a la griega Safo, ante las posibles críticas que podría recibir por el erotismo en la pluma de una mujer. El resultado es este bello poema, probablemente dedicado a Ignacio de Cepeda y Alcalde, del que Avellaneda se mostró siempre perdidamente enamorada.

9. Rimas (Gustavo Adolfo Bécquer, siglo XIX)

Rima XXI
¿Qué es poesía?, dices, mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul,
¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú.

Rima XXIII
Por una mirada, un mundo;
por una sonrisa, un cielo;
por un beso… ¡Yo no sé
qué te diera por un beso!

RIMA LXXVIII

Podrá nublarse el sol eternamente;
podrá secarse en un instante el mar;
podrá romperse el eje de la tierra
como un débil cristal.

¡Todo sucederá! Podrá la muerte
cubrirme con su fúnebre crespón;
pero jamás en mí podrá apagarse
la llama de tu amor.

 

Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla 1836, Madrid 1870) es el gran poeta del amor en la tradición literaria española. El autor posromántico construye poemas muy breves con un lenguaje sencillo y libre de excesos ornamentales.

No comentamos el contenido de estas rimas, pues… ¡solo hay que leerlas y dejarse emocionar!

10. Amo, amas (Rubén Darío, siglo XX)

Amar, amar, amar, amar siempre, con todo
el ser y con la tierra y con el cielo,
con lo claro del sol y lo oscuro del lodo:
Amar por toda ciencia y amar por todo anhelo.

Y cuando la montaña de la vida
nos sea dura y larga y alta y llena de abismos,
Amar la inmensidad que es de amor encendida
¡y arder en la fusión de nuestros pechos mismos!

 

El máximo exponente del Modernismo en la literatura hispana es el nicaragüense Rubén Darío (Metapa, Nicaragua 1867, León, Nicaragua 1916), que en estos dos cuartetos aborda el amor como un sentimiento eterno. Con el título Amo, amas, al conjugar las dos primeras personas del verbo amar, el yo invita a su receptor a participar de su visión de la vida panerótica: el amor es la totalidad de la vida, sin límites de tiempo, siempre, con todo. El amor es un sentimiento tan fuerte que nos acerca a todo, tanto a lo palpable y racional de la ciencia, como a lo espiritual y elevado de la vida. Finalmente, hay un guiño hacia el amor platónico que leíamos en otros poemas, con la llama que arde y une a los enamorados.

11. ¿Serás amor…? (Pedro Salinas, siglo XX)

¿Serás, amor
un largo adiós que no se acaba?
Vivir, desde el principio, es separarse.
En el primer encuentro
con la luz, con los labios,
el corazón percibe la congoja
de tener que estar ciego y solo un día.
Amor es el retraso milagroso
de su término mismo;
es prolongar el hecho mágico
de que uno y uno sean dos, en contra
de la primer condena de la vida.
Con los besos,
con la pena y el pecho se conquistan
en afanosas lides, entre gozos
parecidos a juegos,
días, tierras, espacios fabulosos,
a la gran disyunción que está esperando,
hermana de la muerte o muerte misma.
Cada beso perfecto aparta el tiempo,
le echa hacia atrás, ensancha el mundo breve
donde puede besarse todavía.
Ni en el llegar, ni en el hallazgo
tiene el amor su cima:
es en la resistencia a separarse
en donde se le siente,
desnudo, altísimo, temblando.
Y la separación no es el momento
cuando brazos, o voces,
se despiden con señas materiales:
es de antes, de después.
Si se estrechan las manos, si se abraza,
nunca es para apartarse,
es porque el alma ciegamente siente
que la forma posible de estar juntos
es una despedida larga, clara.
Y que lo más seguro es el adiós.

 

Este fragmento pertenece al poemario Razón de amor de Pedro Salinas (Madrid 1891, Boston 1951). El poeta del grupo del 27 plantea el amor como una despedida: “vivir, desde el principio es separarse”; el amor es una despedida porque la vida de por sí es una separación (de la vida hacia la muerte) y el amor supone el retraso de su propio final. Lo más fuerte del amor es la resistencia de los enamorados a separarse: mientras se aman están luchando contra la condena de la fugacidad de la vida, “cada beso perfecto aparta el tiempo, le echa hacia atrás”.

Este poema habla tanto del amor carnal como del espiritual casi al unísono, lo que nos recuerda la idea de Rubén Darío de que el amor lo es todo.

12. El beso (Ernestina de Champourcín, siglo XX)

¡Tus labios en mis ojos!
Qué dulzura de estrellas alisa lentamente
mis párpados caídos…
Nada existe del mundo. Sólo siento tu boca
y el temblor de mi espíritu hecho carne de luz.

Sé cruel al besarme. Desgarra mis pupilas
y arranca de su sombra la lumbre de mi sueño.
Con ella te daré mi última mirada.

¡Abrásame los ojos! Que el peso de tus labios
despoje mi horizonte de lo que tú no has visto.
Quiero olvidarlo todo y anularme en la niebla
que ciñen tus caricias.

 

Este poema de Ernestina de Chamourcín (Vitoria 1905, Madrid 1999) pertenece al poemario Cántico inútil y recoge la efusión amorosa de un beso sobre los párpados, idealizando así el amor. Los labios besan los ojos impidiendo que estos vean y obligándoles a sentir ese beso, lo que nos recuerda de nuevo al amor platónico que hace que el sentimiento eleve a los enamorados más allá del mundo físico: Nada existe del mundo. Posteriormente continúa clamando al deseo de fusión de los enamorados, del tú y del yo, hasta el punto de pedirle acciones violentas para reflejar su entrega absoluta.

Y después de estos 12 poemas románticos para amores tan reales como platónicos, os dejamos con un poema cantado de Serrat, otro gran poeta de la tradición española sin duda…

Te recordamos también  nuestra selección de canciones para decir “te quiero”, la puedes encontrar aquí.

Nota: hemos modernizado la lengua de los textos antiguos a las normas ortográficas actuales para facilitar su lectura y comprensión.

Bibliografía consultada:

  • Ansón, Luis María (1998): Antología de las mejores poesías españolas. Barcelona: Plaza Janés.
  • Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes: http://www.cervantesvirtual.com/ [consultado el 13/02/2018].
  • Díez R., Miguel y Díez Taborda, Paz (2005): Antología comentada de la poesía lírica española. Madrid: Cátedra.
  • R. Polt, John (1994): Poesía del siglo XVIII. Madrid: Castalia.
  • Roncero López, Victoriano (ed.), Fernando de Herrera (1992): Poesías, Madrid, Castalia.

 

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